El segundo mandato de Abinader

Por: Santo Aquino Rubio

El presidente Luis Abinader ha tenido la difícil misión de asumir el Gobierno ante una de las pandemias más catastróficas registradas en la historia de la humanidad, con millones de muertos y enfermos en gran parte del universo, la situación haitiana y su desorden social, las guerras en Medio Oriente y Asia y una gran parte de Euro envuelta en un ventarrón difícil de superar.

Además, le ha tocado lidiar con una sociedad dividida injustamente entre lujuriosos, corruptos, anti dominicanos y, más grave aún, con militares, policías y políticos ciegos, sordos, mudos e insensibles, que anteponen sus intereses a los de la nación por encima del bien y del mal.

Aunque ha mostrado su interés en un ejercicio transparente, democrático y sin ensuciar sus manos, blindando la Constitución para vetarse él y otros exmandatarios, ha propiciado un Ministerio Público que defienda la honra de la sociedad y el rostro de la Justicia, faltan cambios y medidas que deben estar acorde con sus buenas intenciones, para que el Tribunal de la Historia le juzgue positivamente.

Además de los movimientos y cambios introducidos en su gabinete, el joven debe poner en funcionamiento la máquina de la transparencia en instituciones que manejan grandes recursos y bienes del Estado, sobre todo, aquellos que manejan programas sociales, titulación de tierras, viviendas, salud, medio ambiente y otras áreas, para corregir los males, como es el caso del CEA, antes de que la maldad explote.

Un presidente, aunque es siempre el más informado, deposita la confianza necesaria en sus funcionarios para que actúen con apego a los valores éticos y morales que la sociedad requiere y exige, aunque muchas veces, esa confianza es mellada por la angurria, el clientelismo y otras debilidades de la política vernácula.

El 2026 debe ser el año de mayor reflexión para el presidente Abinader Corona, porque cuando arranca el proselitismo no hay marcha atrás y sin los controles requeridos, los recursos del Estado se ponen en peligro, si están en manos de quienes no han ejercido con pulcritud, respeto y apego al compromiso asumido.

Hay que hacerlo bien aunque las voces negativas se eleven, porque al final de la jornada, lo que ocurra, sobre todo lo malo, en el juicio de los políticos, será siempre responsabilidad del presidente. Ojo pelao, señor presidente.

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