
Por: Santos Aquino Rubio
Los últimos hechos ocurridos en el país, sobre todo, los feminicidios, homicidios, secuestros de niños, mutilación de órganos y de cuerpos, dejan poca duda de que el crimen ha recurrido a sus expresiones más dolorosas para ensañarse contra la sociedad dominicana, como si por castigo del destino, no tuviera el derecho a vivir en paz.
Tiempo es de que las autoridades, desde el más humilde servidor hasta el más elevado cargo, presten atención a esta carcoma social, que está corroyendo los cimientos de una nación que merece respeto, valoración y la preocupación necesaria de sus buenos hijos, por la preservación de los grandes valores la han identificado ante el mundo.
Muchas veces, si es preciso, hay que volver al pasado para rescatar las cosas buenas, hacer cumplir las leyes, poner orden en la casa y enjaular sin privilegios a los violadores de las leyes, de los preceptos morales y las buenas costumbres.
Por ejemplo; atracos, asaltos, asesinatos y secuestros que se ejecutan desde motocicletas cuyos conductores y acompañantes se cubren de pie a cabeza, para no ser identificados y, muchas veces, estos hechos no tienen consecuencias.
Prohibir, como antes, que las personas en motocicletas cubran sus rostros con pasamontañas y otros atuendos, poner mayor vigilancia a los extranjeros y nativos con antecedentes delictivos, aquí y en sus países, ayudaría un poco, así como el endurecimiento de las sanciones a los militares y policías, cuya complicidad se establezca en determinados hechos.
Además, hay que prestar mayor atención a las denuncias de acoso, amenazas y quejas de las personas con problemas de pareja, deudas y otros motivos, así como a la persecución sin treguas del sicariato, muchos de cuyos integrantes son conocidos por la Policía y, a veces, por otras autoridades.
Hay que mandar una señal firme, fuerte y lineal de autoridad y hacer entender que la Justicia, las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional y toda autoridad civil responsable, están en la mejor disposición de hacer cumplir las leyes, castigar como se debe a los violadores, para, de una vez y por todas, devolver la paz, la convivencia y el respeto a la sociedad dominicana. El país está primero y por encima de todos.
