
Por: Carlos Diaz.
A más de dos años de las próximas elecciones presidenciales, el mapa político de la República Dominicana experimenta una reconfiguración acelerada. Lo que comenzó como una migración discreta de cuadros políticos se ha convertido en una tendencia estructural: la consolidación de Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo (FP) como el principal polo de atracción para la oposición y la disidencia del oficialismo.
- La «Sangría» en el PRM y el PLD: El mapa de las juramentaciones
El crecimiento de la FP no es solo mediático, es territorial. En las últimas semanas de abril de 2026, el partido ha logrado golpear estructuras clave del PRM y del PLD:
El golpe en el Cibao: La integración de Ruddy Capellán (director de la Sinfónica del Cibao) y el exdiputado Héctor Ramírez en Santiago, junto a figuras como Milagros Guzmán y Oscar Rodríguez en Esperanza, demuestra que la FP está penetrando en plazas que fueron vitales para el triunfo del PRM.
Hermanas Mirabal como bastión: La juramentación del exgobernador Luis Yaport y el líder Antonio Lizardo, sumados a la estructura de «Bauta» Rojas, pone en jaque el control oficialista en una provincia históricamente simbólica.
Samaná y el Sector Gremial: El paso de figuras como Edward Mota en Samaná y la reciente formación de la Dirección Nacional de Fuerza Magisterial evidencian que el partido está «robando» el voto corporativo y sectorial que suele definir elecciones reñidas.
- La realidad estructural: Los números del 43% y 44%
Encuestas recientes sitúan la favorabilidad y la intención de voto de Leonel Fernández en un sólido rango de entre el 43% y el 44%. Estos números son significativos por tres razones:
Piso, no techo: A diferencia de otros líderes, Fernández mantiene un voto duro que ha resistido las campañas de desprestigio.
Crecimiento en la crisis: Mientras la gestión gubernamental enfrenta el desgaste natural de dos periodos y el impacto de la inflación, Leonel capitaliza el descontento de la clase media.
Polarización: Estos números colocan a la FP en un virtual empate técnico o ventaja estratégica frente al oficialismo si el escenario se divide en dos grandes bloques.
«La desesperación en las filas del PRM ante el sostenido ascenso de Leonel Fernández y la Fuerza del Pueblo parece haberlos empujado a un terreno peligroso: ‘piropear’ una alianza con el PLD.
Esta maniobra, que evoca el fantasma de la funesta ‘Alianza Rosada’ de 2006, podría ser el tiro de gracia para el oficialismo.
Mientras Danilo Medina intenta imponer un candidato dócil para negociar impunidad y frenar a Fernández por meros egos personales, el costo sería la implosión definitiva de un PLD ya debilitado; una fragmentación que provocaría la salida masiva de figuras como Francisco Javier García, Abel Martínez y la vieja guardia peledeísta.
Para el PRM, el riesgo es igual de letal: pactar con su supuesto antítesis significaría traicionar y perder definitivamente al segmento social que nació en la Marcha Verde y la Plaza de la Bandera, sepultando su narrativa de cambio bajo el peso del oportunismo político.»
Para el PRM, la realidad es incómoda: la narrativa del «cambio» está siendo desafiada por una estructura de la FP que ahora cuenta con la experiencia de los viejos cuadros del PLD y la energía de los disidentes del propio PRM que no se sintieron recompensados en el actual gobierno.
Una maquinaria en acecho
Leonel Fernández ha entendido que para ganar en 2028 no basta con el discurso; se necesita infantería política. Cada dirigente juramentado (desde el sector magisterial hasta los líderes municipales de Samaná o Salcedo) representa miles de votos que se restan al oficialismo y se suman a una FP que ya no es un «partido nuevo», sino un contendiente con musculatura estatal latente.
El escenario para 2028 ya se está cocinando, y por ahora, el aroma en la cocina política sugiere que la Fuerza del Pueblo ha dejado de ser un invitado para convertirse en el dueño de la mesa opositora.
