
Luisana María García analiza cómo muchas candidaturas parecen invencibles en redes, encuestas y medios… pero terminan enfrentando otra realidad en las urnas
En nuestro diario Poder Político varios seguidores de Carolina Mejía nos han comentado y han valorado de manera muy positiva la publicación de un artículo de opinión aparecido recientemente en la prensa local, donde la destacada politóloga venezolana Luisana María García analiza con profundidad uno de los fenómenos más interesantes y peligrosos de la política moderna: la construcción de candidaturas basadas principalmente en percepciones mediáticas.
Su reflexión toca un punto extremadamente sensible en estos tiempos de redes sociales, marketing político digital y encuestas permanentes: no siempre quien aparenta estar creciendo más en el escenario mediático termina convirtiendo esa percepción en una victoria electoral real.
Y la verdad es que la historia reciente está llena de ejemplos.
En distintas partes del mundo se han construido candidaturas que parecían imparables. Campañas donde abundaban las fotografías multitudinarias, las tendencias digitales, los comentarios favorables, las encuestas positivas y una narrativa constante de crecimiento. Sin embargo, al llegar el día de las elecciones, la realidad terminó siendo completamente distinta.
Ahí es precisamente donde el análisis de Luisana María García adquiere tanta importancia.
La politóloga venezolana advierte sobre esa “línea delgada de la percepción”, donde muchas veces una candidatura comienza a vivir dentro de una burbuja creada por la propaganda política, los algoritmos digitales, las emociones momentáneas y el exceso de confianza.
Y hay que reconocer que ella tiene mucha razón.
Hoy las redes sociales pueden fabricar sensaciones de fuerza gigantescas. Un candidato puede dominar TikTok, Instagram, Twitter o Facebook y aun así no conectar profundamente con el votante silencioso, con el ciudadano que no comenta publicaciones ni participa en debates digitales, pero sí acude disciplinadamente a votar.
Las encuestas también juegan un papel psicológico importante. Algunas ayudan a crear corrientes de opinión. Otras influyen emocionalmente en sectores políticos. Incluso muchas veces terminan siendo utilizadas como herramientas para construir inevitabilidad alrededor de determinadas figuras.
Pero la política real sigue teniendo otros componentes fundamentales: estructura, contacto humano, credibilidad, organización territorial y conexión emocional auténtica con la población.
Ese es uno de los grandes aportes del artículo de Luisana María García.
Su análisis transmite preparación, experiencia y conocimiento profundo de los comportamientos políticos modernos. Se percibe una visión técnica, objetiva y bien argumentada sobre cómo operan actualmente muchas campañas electorales.
Y lo más interesante es que su planteamiento no parece motivado por fanatismos, sino por una observación bastante clara de lo que viene ocurriendo en múltiples democracias del mundo.
En América Latina se han visto candidatos que parecían gigantes mediáticos y terminaron debilitados en las urnas.
También se han visto fenómenos contrarios: candidatos subestimados por sectores mediáticos que terminaron sorprendiendo electoralmente gracias al voto silencioso y al descontento acumulado de la población.
Por eso resulta tan importante escuchar este tipo de reflexiones.
Porque la política moderna muchas veces confunde ruido con realidad.
Confunde percepción con voto.
Confunde viralidad con liderazgo.
Y confunde popularidad digital con fuerza electoral auténtica.
La advertencia hecha por la politóloga venezolana invita precisamente a mirar más allá de la espuma mediática y entender que ninguna candidatura debe confiarse únicamente en las sensaciones creadas alrededor de sí misma.
Las burbujas políticas existen.
Y muchas veces explotan justamente el día de las elecciones.
Ahora en Poder Político veamos el artículo completo de la destacada politóloga venezolana Luisana María García:
En política existe una línea muy delgada entre comunicar bien y fabricar una percepción artificial. Comunicar bien es ordenar un mensaje, conectar con la ciudadanía y presentar una visión de país, manteniendo una narrativa consistente. Fabricar percepción, en cambio, es intentar sustituir la realidad con encuestas inducidas en redes sociales, publicidad excesiva y relatos que no nacen del territorio.
Ese es uno de los errores más frecuentes en la política latinoamericana actual: creer que una candidatura puede sostenerse solo con imagen, pauta, titulares y mediciones convenientes. No estoy diciendo que no sean importante, digo que debe existir una concordancia de predicar desde los hechos. Pero la percepción sin estructura es frágil. Puede impresionar por un momento, pero no moviliza, no organiza y no asegura durabilidad hasta el proceso electoral.
Estructuración en los territorios:
La construcción territorial sigue siendo el corazón de toda contienda electoral seria. Allí se conocen las problemáticas reales, se identifican liderazgos comunitarios, se forman equipos, se mide el ánimo del ciudadano, se consolida confianza en pro del bienestar social. Sin territorio, la campaña se convierte en una burbuja; con territorio, el proyecto político adquiere raíces robustas.
El caso de éxito más reciente, fueron las atípicas elecciones presidenciales de julio del 2024 en Venezuela, donde los comanditos de todos los territorios del país demostraron en tiempo real los resultados electorales, con el liderazgo de María Corina Machado endosado al presidente electo Edmundo González Urrutia, una campaña con todo en contra, pero con todo un país estructurado, organizado y alineado, se demostró ante el mundo una victoria abrumadora y contundente.
La percepción fabricada suele decir: “vamos ganando”.
La construcción territorial nos dice: zonas dondeestamos fuertes, áreas dónde somos débiles, losterritorios que nos faltan por penetrar, corregir y sumarnuevos adeptos al proyecto político en cuestión.
Ahí está la diferencia entre vender ilusión y construir poder político sólido. Un liderazgo responsable no debe temerle a la realidad. Debe escucharla, interpretarla y organizarla. Las encuestas pueden ser herramientasútiles, guías constantes de consolidación política, para saber si estás frío, caliente o tibio con el electorado.pero jamás deben convertirse en instrumentos de manipulación. Cuando se usan para vender percepciones electorales, terminan alejando al candidato de la elegibilidad del ciudadano.
La política coherente exige humildad estratégica: caminar, escuchar, corregir, formar, estructurar y dar seguimiento. El elector no quiere sentirse usado como cifra; quiere ser reconocido como ciudadano.
La verdadera victoria, no se obtiene únicamente conpercepción.
Se construye en el territorio, comunidad por comunidad, con liderazgo, bases partidarias, valores, método y presencia constante.
