Cuando las obras hablan por el país

Por: Deligne Ascención Burgos

La más reciente encuesta Gallup en el país deja una lectura que merece ser analizada con serenidad. Más allá de los porcentajes, refleja algo importante: la gente reconoce cuando el Estado trabaja con sentido de dirección y cuando las políticas públicas comienzan a tocar su vida diaria.

Entre las áreas mejor valoradas del gobierno del presidente Luis Abinader aparecen el turismo, la educación, el transporte público y las obras de infraestructura. No es casualidad. Son sectores que, cuando avanzan, generan confianza, movimiento económico, oportunidades y una sensación concreta de progreso nacional.

Desde mi experiencia en la vida pública, he aprendido que una obra no debe medirse únicamente por su tamaño ni por su costo. Una obra se mide por lo que resuelve. Por el tiempo que ahorra. Por la comunidad que conecta. Por la seguridad que aporta. Por la productividad que activa. Por la esperanza que lleva a lugares donde durante años solo hubo espera.

Por eso, cuando la ciudadanía valora positivamente la infraestructura y el transporte, está reconociendo algo más profundo que una carretera, un puente, una circunvalación o una solución de movilidad. Está reconociendo la presencia de un gobierno que ha entendido que el desarrollo no puede quedarse concentrado en un solo punto del territorio, sino que debe extenderse hacia las provincias, los municipios y las comunidades.

El presidente Luis Abinader ha impulsado una visión de gobierno basada en resultados concretos. Esa visión se expresa en obras viales, en soluciones de transporte, en proyectos educativos, en inversión turística, en conectividad territorial y en una manera distinta de acercar el Estado a la gente. Naturalmente, quedan grandes desafíos. Ningún país resuelve en pocos años problemas acumulados durante décadas. Pero avanzar también es parte de la verdad, y esa verdad debe ser reconocida.

La encuesta Gallup confirma que la población sabe distinguir entre la promesa y el resultado. Sabe cuándo una política pública se queda en el discurso y cuándo comienza a verse en la vida cotidiana. Sabe valorar aquello que le permite moverse mejor, llegar más rápido, vivir con mayor conexión y sentir que su comunidad forma parte del desarrollo nacional.

No se trata de celebrar cifras. Se trata de entender lo que esas cifras nos dicen. Nos dicen que el país valora las áreas donde hay trabajo visible. Nos dicen que la gente reconoce la continuidad, la planificación y la ejecución. Y también nos recuerdan que todo reconocimiento ciudadano debe asumirse con humildad, como un compromiso para seguir haciendo más y hacerlo mejor.

El desarrollo no se improvisa. Se planifica, se ejecuta y se sostiene. Y cuando se hace con visión de país, termina hablando por sí mismo. Hoy la República Dominicana tiene retos importantes, pero también tiene avances concretos. La tarea del gobierno es continuar profundizando esos avances, mantener el oído puesto en la gente y seguir construyendo un país más conectado, más moderno y con mayores oportunidades para todos.

Porque al final, las obras no son solo estructuras. Son señales de futuro. Y cuando esas obras transforman la vida de la gente, también construyen confianza en el rumbo de la nación.

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